30.9.09

Imágenes

Se le pregunta a Michael Jackson sobre qué es lo que piensa
mientras baila y canta sobre el escenario, a lo que el responde:

-Nada... pensar es el peor error.



Jose Feliciano - Billie Jean

23.9.09

Que rico hueles

Recordar es similar a transitar
un salón vacío un lugar sin lugares
y el pesar atrae magneticamente a la Sole
A las cicatrices estériles que dormitan en la alberca

Ahí donde te bañas
por que algo a diario olvidas
seguro no querrás recordar la mugre
bajo el agua cercenas la conciencia
barro que niegas en la memoria amputada

Por que sí... nos pertenece
y que nos obliguen con choques eléctricos a dejarla
es otro asunto del que no haré cuestión
ahora abre la compuerta
veamos el sucio importante

No pongas esa cara
supongo que todo está en su lugar
todo flota en la alberca
y la mugre se queda muda y estanca
para volver a mi

con el polvo
por el polvo
y para el polvo
de los libros

21.9.09

Hablar en serio

¿Será siempre arduo hablar por encima de la palabra? si lo pensamos bien, cuestionar lo que se dice y decirlo a la vez resultará siempre un erudito y peculiar descaro. Pero no acudiremos solamente al torpe y voluble español que da infinitas vueltas sobre simples asuntos por la múltiple connotación de sus promiscuas y versátiles unidades. Sin ir mas allá podemos ver un ejemplo clave en una lengua milenaria como el japonés a la hora de hablar o escribir de manera seria:

Este paradigma lingüístico (o isoglosa) no acepta las conjugaciones de los verbos en futuro, como si le estuviese prohibido a la lengua hablar o decir del acto no realizado, nunca después en el tiempo, atrapada en un eterno presente. Incluso si ponemos atención a la actitud gráfica de sus signos podemos apreciar inmediatamente que su escritura se ejecuta con precisas pinceladas
como quien retrata vívido un momento, basta pensar en las geishas atrapadas en las pinturas, como una burbuja a punto de reventar. Los japoneses deben tomarse muy en serio lo que dicen y escriben después de tantos milenios de pura y vertiginosa realidad.


Pequeño plagio





















Cuando me dicen que soy un cochino siempre respondo:

- Es cierto!

18.9.09

Porfía

No desafiar la boca de la guitarra desafinada
No ultrajar el misterio o la ensoñación latente
No rajar el velo del bacanal tiempo mal parido
No perturbar la calma irreal y casi omnipotente

16.9.09

Sin llorar

Ya el mismísimo Parra se preguntaba
¿cuanto vale cada gramo del planeta tierra?
Y si ya le preguntara yo a él
¿en cuanto me avaluaría tus lágrimas?
permanecen inútiles e invariables las palabras
¿valdría lo mismo el polvo que el agua?
seguramente los números indicarían
un asombroso precio no-vidente
aire o adobe en cantidad equivalente

Fe en la palabra

No he de callar, por más que con el dedo
ya tocando la boca, o ya la frente
Silencio avises o amenaces miedo

¿No ha de haber un espíritu valiente?
¿Siempre se ha de sentir lo que se dice?
¿Nunca se ha de decir lo que se siente?



(Francisco de Quevedo 1624 - Extracto)

Bonito

En cuanto a la opinión de que los seres orgánicos han sido creados hermosos para deleite del hombre -opinión que, como se ha dicho, es ruinosa para toda mi teoría- puedo hacer observar, en primer lugar, que el sentido de belleza depende de la naturaleza de la mente, con independencia de toda cualidad real en el objeto admirado, y que la idea de qué es hermoso no es innata o invariable. Vemos esto, por ejemplo, en que los hombres de las diversas razas admiran un tipo de belleza
por completo diferente en sus mujeres.




(El origen de las especies - Charles Darwin 1859 - Extracto)

11.9.09

Asfixia

Estás preguntando por lo que la pasión no abarca
siendo que conoces la incapacidad de los ojos curiosos
para recordar hasta el último y crucial detalle

El oráculo al que recurro para invocar tu acontecer
es siempre confuso y suele transformarse en un dilema
siempre problemático preguntarse por un instante inexistente

escupirte sería poco amor
y explicarte la irregularidad del universo tampoco bastaría
por la mañana le confesaba a un amigo...


"Que bello sería contemplar tu sonrisa, distante Carolina"

10.9.09

Esbozo

Ahora reconozco ese siseo incesante en mi cabeza
Me dije después de largas horas, acabada la mañana,
Imponente el sol se erguía entibiando conclusiones



Era la culpa… aplastantemente lógica
que como un velo cubre mis ánimos de vanidad e ignorancia
-Al menos creí comprender este asunto tanto tiempo-
Rezaba, como una suplica de piedad en mi conciencia
-Mas no pudiste asumirlo jamás-
Replicaba vociferante el arrepentimiento





-Silenciosamente ocurrió-
olvidando el momento exacto en que te habías atado los pies
aún saboreando el poco aire que mi garganta lograba cortar.



-Perdí- me dije, tratando de contener las emociones,
rodeado por una asfixiante soledad -perdí dos veces
Caí en un silencio -y la voz también perdí-
Es así como callo, cuando me atrapa la prosa deforme
Justamente ahora, que comprendo que ya no yaces aquí

3.9.09

Octavio Paz

La ligereza danzante con que esos personajes se mueven por la vida como si hubiesen abolido las leyes de la gravedad, se debe entre otras cosas a que esas almas no conocían el peso de la moral. Las cosas para ellos no eran graves sino hermosas o feas. Mundo de dos dimensiones, sin profundidad, es cierto, pero también sin espesor; mundo transparente, nítido, como un dibujo rápido y precioso sobre una hoja inmaculada. En su diario, Sei Shonagon divide a las cosas en placenteras y desagradables.

Entre las primeras están, por ejemplo, cruzar un río en una noche de luna brillante y ver bajo el fondo brillar los guijarros; o recorrer en carruaje el campo y luego aspirar el perfume que desprenden las ruedas, entre las que se han quedado prendidos manojos de hierba fresca. En otra parte Shonagon anota que "es muy importante que un amante sepa despedirse". Para empezar, no se debería levantar con apresuración sino aguardar a que se le insista un poco:

Anda, ya hay luz... no te gustaría que te sorprendieran aquí. Tampoco debería ponerse los pantalones de un golpe, como si tuviera mucha prisa y sin antes acercarse a su compañera, para murmurar en su oído lo que sólo ha dicho a medias durante la noche". Más adelante la señora Shonagon pinta al amante perfecto: "Me gusta pensar en un soltero—su ánimo aventurero le ha hecho escoger este estado— al regresar a su casa, después de una incursión amorosa. Es el alba y tiene un poco de sueño pero, apenas llega, se acerca a su escritorio y se pone a escribir una carta de amor —no escribiendo lo primero que se le ocurre sino entregado a su tarea y trazando con gusto hermosos caracteres.

Luego de enviar su misiva con un paje, aguarda la respuesta mientras murmura ese o aquel pasaje de las Escrituras budistas. Más tarde lee algunos poemas chinos y espera a que esté listo el baño. Vestido con su manto de corte —quizá escarlata que lleva como una bata de casa— toma el sexto capítulo de la Escritura del Loto y lo lee en silencio. Precisamente en el momento más solemne y devoto de su lectura religiosa, regresa el mensajero con la respuesta. Con asombrosa si blasfema rapidez, el amante salta del libro a la carta".


La prosa de Sei Shonagon es transparente. A través de ella vemos un mundo milagrosamente suspendido en sí mismo, cercano y remoto a un tiempo, como encerrado en una esfera de cristal.
Los valores estéticos de esa sociedad —por más exquisitos y refinados que nos parezcan—no eran sino los de la moda. Mundo up to date, sin pasado y sin futuro, con los ojos fijos en el presente. Mas el presente es una aparición algo que se deshace apenas se le toca. Este sentimiento de la fugacidad de las cosas —subrayado por el budismo, que afirma la irrealidad de la existencia— tiñe de melancolía las páginas del Libro de cabecera de Sei Shonagon. El mismo sentimiento —sólo que profundizado, convertido, por decirlo así, en conciencia creadora— constituye el tema central de la obra de la señora Murasaki.




(Tres momentos de la literatura japonesa / Las peras del olmo - Extracto)