Apnea
-Yo no tengo bien claro si la maté o no.
-Usted se va a declarar inocente por que para eso me contrató su familia
no perdamos el tiempo en cosas que no me competen del todo.
-Me tiene sin cuidado su ética señor, yo quiero confesarle lo que siento
es mi derecho como cliente supongo.
-Tengo claro que usted no ha cometido ningún crimen antes
sus papeles están limpios pero, su historia en lo personal no me convence.
No me parece bien llegar al punto donde tengo que decirle a usted ,a la luz
de las evidencias, siendo su defensor, si es usted
o no un asesino, su testimonio ha sido categórico
las últimas dos sesiones y estamos cerca de ganar el juicio, no conviene
que usted empiece a dudar a estas alturas.
-¿Y Usted que cree don Gonzalo?
-Dígaselo a usted mismo pues hombre y quédese en paz. La cárcel
y los juzgados son mi terreno. No lo es la mente humana o la culpa
así funciona mi ética y así quiero que funcione.
-La fidelidad y la monogamia es un invento para los hombres que le temen
a la incertidumbre. Le diré que me entretuve muchas horas mirando los videos
que grababa la cámara escondida en la habitación. Paty era una mujer hermosa
podría decir que esta dinámica del silencio me aseguraba tener material
para entretenerme a solas, al menos.
-Guárdese los detalles escabrosos, yo soy un hombre cristiano y gracias a ello
tengo una familia bien constituida, esas prácticas son y seguirán siendo para mí
una aberración y no me extraña que por causas tales usted esté metido
en semejante lío. Si me disculpa usted, su actitud en la cama me parece ambigua
al igual que su postura frente a la muerte de su mujer.
El abogado se mostraba incómodo con el reiterativo relato que emanaba su cliente
que más bien le parecía una alucinación muy bien pulida por la mente de Aurelio.
-Usted quiere que yo le pregunte a usted si acaso la mató ¿verdad?
-Dígame que yo lo hice, su mirada me lo está gritando hace más de un mes.
-¡Pues sí! usted lo hizo, usted era la única persona que estaba en la habitación
usted tenía muy claro que su esposa Patricia tenía asma y a mi gusto eso de haberle
comprado el inhalador antes de llegar a casa es parte de una burda coartada
para un cometer un crimen burdo.
Un silencio incómodo invadió la sala de reuniones en el céntrico juzgado
parecía que Aurelio iba a llorar mientras escuchaba las palabras que había
perseguido durante horas de conversación con Gonzalo Ramirez
el abogado de cabecera de la familia desde hacía mas de veinte años.
Y ante la culpa que lo corroía desde lo más profundo del asiento
comenzó Aurelio a recordar el aire artificioso del amor que sentía por Paty.
Esa noche, entró por el corredor repleto de espejos mientras se acomodaba
la bata. Ahí estaba ella desnuda haciendo juego con cada detalle
alegórico y exacerbado de la habitación de aquel motel de lujo.
Pero como siempre estaba callada; eso siempre lo hizo sentir solo
cuando estaba a su lado. Asentía con palabras dulces, siempre fumando.
Había cogido las esposas que le había regalado a su mujer hace un par de meses
para llevarlas y lograr usarlas por primera vez, al menos para Aurelio
por que él mismo había constatado que su Paty ya había usado el juguete
con su amante, una pequeña jovencita que a simple vista,
en las grabaciones que acumulaba con celo,
a penas había dejado de ser una púber.
-Yo no podía sentir celos comúnes y corrientes frente a esto
de hecho como bien le dije me divertí mucho espiándola
y poniendo cámaras primero en la habitación y luego por el resto de
los rincones de la casa. Por otra parte no era un hombre el que ocupaba mi lugar
en la cama; me las arreglé para convencerme de que era una razón para sentirme
orgulloso, un fetiche para mi ego, ella nunca necesitó otra figura como la mía.
-Algún problema debe haber tenido con ella entonces, veo que usted es indolente
a todos los demás estímulos y a esa altura yo ya habría metido a mi mujer en la cárcel
o quiza me las hubiese arreglado para que ella muriera y yo poder quedar impune,
pero usted se permite estas cosas y las considera normales para todo el mundo.
Si gusta usted sentirse culpable don Aurelio al menos establezca la razón de
por qué la mató... por que usted la mató, eso es lo que quiere escuchar usted
y yo no me quedaré para decirselo, he visto muchas casos como el suyo.
Mi trabajo es demostrar lo contrario así que podemos dejar esta conversación
cuando le parezca.
Gonzalo estaba cansado de la indecisión de su cliente, era evidente la fatiga en él.
-Con aquella escolar, Paty al menos reía a carcajadas, conmigo nunca lo hizo.
Usted ya se negó a ver mis grabaciones, con ellas podría haberlo apreciado.
Yo hice todo lo posible por hacerla feliz siempre, pero su belleza siempre era superior
a mi y a mis esfuerzos. Ella, siempre perfecta, impertérrita, elegante.
Y eso me hizo pensar en lo de las esposas, pero no me detuve a pensar en su asma
sabrá que ella se daba el permiso de fumar por montones mientras
se excusaba su silencio y falta de risas en la falta de aire
que siempre le atacaba. Cuando yo se lo encaraba
solía recordar el inhalador en su cartera, empezaba a desesperarse y a ponerse
roja. Si hasta el color de su piel podía controlar a discreción.
- Y ahora me va a decir que usted no sentía celos de Paty y lo que ocurrio con ella
fue la consecuencia de un juego despreocupado- increpaba iracundo Ramirez.
-Ya le dije que no sé si la maté deliberadamente. Yo le propuse esposarla a la cama
y ella asintió con el desprecio habitual. Yo quería verla reír de alguna forma
quería saber si aquella risa que escuchaba en las grabaciones
era la misma risa que podía dedicarme a mi.
Así que partí por preguntarle si acaso me era infiel y comenzó a reír
me trató como un bobo, me dijo que yo tenía mucha imaginación,
que aquello no le hacía falta a ella.
Yo insistí y siguió riendo, me dijo que estaba loco, que ya habíamos superado
esa etapa, que ya eramos personas adultas. Y comencé a recorrer su cuerpo
con ambas manos disimulando todas las dudas tormentosas que me invadían,
y quise entonces que riera como lo hacía con la jovencita.
Le hice cosquillas durante unos breves instantes y su cuerpo comenzó a temblar
entero. Estaba atada de manos no podía defenderse del tierno asedio.
-Se da cuenta, usted lo hizo... usted intervino en esta muerte.
Yo en tanto intento demostrarle al jurado que fue un descuido
y la tesis parece funcionar gracias a que usted no violentó jamás a su difunta esposa.
Deje de preguntarse cosas, duerma esta noche y guarde sus energías para
la sesión de mañana veo que no puedo luchar contra su idiotez
y esto es todo cuanto puedo hacer el día de hoy
por usted Don Aurelio.
El abogado estaba pensando en su prestigio y en lo que habría
de ocurrir la mañana siguiente cuando se dictara el fallo.
Se puso de pié y mantuvo su maletín colgando tratando de
hacerle entender a Aurelio que la conversación debía acabar.
Las dudas y la actitud de su cliente le parecían nada más que destructivas.
-Don Gonzalo, no se valla. No le estoy pidiendo que me defienda en este momento
le estoy pidiendo que me escuche.
-Sea breve y prometa que esta conversación no existirá en su cabeza mañana.
-Bien, prosigo... yo le dije que quería escuchar a Paty reír como
reía con aquella niña pero por más que le hice cosquillas, esa carcajada especial
no la escuché jamás. No era ni parecida a la risa que le inspiraba esa pendeja
una risa coqueta, sensual, alegre, descontrolada.
Fue todo un forcejeo, una lucha con risas y espasmos
pero no le hacía gracia que yo le hiciera cosquillas, como siempre
no como la lengua de la pequeña que le hacía revolcarse de júbilo
¿me entiende? ni por la fuerza pude hacerla feliz
¿por qué conmigo no tomaba el control?
¿por qué a mí no me recorría completamente?
¿por qué se entregaba a mí como aquella belleza inerte y desinteresada?
¿por que siempre tuve que intimar con un maniquí?
Y no pude dejar de fastidiarla con la punta de los dedos
puede que me haya pasado de la raya con el juego
en la confusión de todos estos pensamientos.
Persistí con las cosquillas aún cuando había dejado de tirar patadas
cuando ya había abandonado los inútiles llamados de auxilio
entre el rubor de sus mejillas que fue poco a poco volviéndose púrpura
se acabaron las risas en un par de bocanadas de aire
hasta acabar con un provocado silencio y estuvo al fin tranquila.
Se quedó así esposada con los ojos bien abiertos
tenía las muñecas sangrando, destrozadas;
entonces lo hicimos como era costumbre:
yo arriba y ella abajo callada mirando el techo.
-Cuando salga usted de aquí mi estimado don Aurelio, búsquese una mujer
de verdad. Como dice Unamuno, es mejor tener a alguien que lo quiera
a uno. Mañana será un día clave, luego tendrá tiempo para pensar en eso.
Por que el mismo abogado tenía mucho que pensar al respecto
Es que la gente joven no sabe que los sentidos son categóricos
se engañan para protegerse de aquello que perciben y no les conviene.
Esto pensaba en silencio mientras sentía el hedor a cigarrillo
de su esposa que yacía como un bulto inerte bajo la panza del viejo
que volvía la intimidad de ambos en algo que difícilmente
alguien hubiese querido grabar.
Los abogados demandantes no pudieron sostener la tesis
del asesinato, puesto que el cuerpo de Paty no presentaba marcas de estrangulación.
Por otra parte, no había registro médico alguno que respaldara
la supuesta asma en la difunta mujer: Aurelio fue finalmente absuelto.
-Usted se va a declarar inocente por que para eso me contrató su familia
no perdamos el tiempo en cosas que no me competen del todo.
-Me tiene sin cuidado su ética señor, yo quiero confesarle lo que siento
es mi derecho como cliente supongo.
-Tengo claro que usted no ha cometido ningún crimen antes
sus papeles están limpios pero, su historia en lo personal no me convence.
No me parece bien llegar al punto donde tengo que decirle a usted ,a la luz
de las evidencias, siendo su defensor, si es usted
o no un asesino, su testimonio ha sido categórico
las últimas dos sesiones y estamos cerca de ganar el juicio, no conviene
que usted empiece a dudar a estas alturas.
-¿Y Usted que cree don Gonzalo?
-Dígaselo a usted mismo pues hombre y quédese en paz. La cárcel
y los juzgados son mi terreno. No lo es la mente humana o la culpa
así funciona mi ética y así quiero que funcione.
-La fidelidad y la monogamia es un invento para los hombres que le temen
a la incertidumbre. Le diré que me entretuve muchas horas mirando los videos
que grababa la cámara escondida en la habitación. Paty era una mujer hermosa
podría decir que esta dinámica del silencio me aseguraba tener material
para entretenerme a solas, al menos.
-Guárdese los detalles escabrosos, yo soy un hombre cristiano y gracias a ello
tengo una familia bien constituida, esas prácticas son y seguirán siendo para mí
una aberración y no me extraña que por causas tales usted esté metido
en semejante lío. Si me disculpa usted, su actitud en la cama me parece ambigua
al igual que su postura frente a la muerte de su mujer.
El abogado se mostraba incómodo con el reiterativo relato que emanaba su cliente
que más bien le parecía una alucinación muy bien pulida por la mente de Aurelio.
-Usted quiere que yo le pregunte a usted si acaso la mató ¿verdad?
-Dígame que yo lo hice, su mirada me lo está gritando hace más de un mes.
-¡Pues sí! usted lo hizo, usted era la única persona que estaba en la habitación
usted tenía muy claro que su esposa Patricia tenía asma y a mi gusto eso de haberle
comprado el inhalador antes de llegar a casa es parte de una burda coartada
para un cometer un crimen burdo.
Un silencio incómodo invadió la sala de reuniones en el céntrico juzgado
parecía que Aurelio iba a llorar mientras escuchaba las palabras que había
perseguido durante horas de conversación con Gonzalo Ramirez
el abogado de cabecera de la familia desde hacía mas de veinte años.
Y ante la culpa que lo corroía desde lo más profundo del asiento
comenzó Aurelio a recordar el aire artificioso del amor que sentía por Paty.
Esa noche, entró por el corredor repleto de espejos mientras se acomodaba
la bata. Ahí estaba ella desnuda haciendo juego con cada detalle
alegórico y exacerbado de la habitación de aquel motel de lujo.
Pero como siempre estaba callada; eso siempre lo hizo sentir solo
cuando estaba a su lado. Asentía con palabras dulces, siempre fumando.
Había cogido las esposas que le había regalado a su mujer hace un par de meses
para llevarlas y lograr usarlas por primera vez, al menos para Aurelio
por que él mismo había constatado que su Paty ya había usado el juguete
con su amante, una pequeña jovencita que a simple vista,
en las grabaciones que acumulaba con celo,
a penas había dejado de ser una púber.
-Yo no podía sentir celos comúnes y corrientes frente a esto
de hecho como bien le dije me divertí mucho espiándola
y poniendo cámaras primero en la habitación y luego por el resto de
los rincones de la casa. Por otra parte no era un hombre el que ocupaba mi lugar
en la cama; me las arreglé para convencerme de que era una razón para sentirme
orgulloso, un fetiche para mi ego, ella nunca necesitó otra figura como la mía.
-Algún problema debe haber tenido con ella entonces, veo que usted es indolente
a todos los demás estímulos y a esa altura yo ya habría metido a mi mujer en la cárcel
o quiza me las hubiese arreglado para que ella muriera y yo poder quedar impune,
pero usted se permite estas cosas y las considera normales para todo el mundo.
Si gusta usted sentirse culpable don Aurelio al menos establezca la razón de
por qué la mató... por que usted la mató, eso es lo que quiere escuchar usted
y yo no me quedaré para decirselo, he visto muchas casos como el suyo.
Mi trabajo es demostrar lo contrario así que podemos dejar esta conversación
cuando le parezca.
Gonzalo estaba cansado de la indecisión de su cliente, era evidente la fatiga en él.
-Con aquella escolar, Paty al menos reía a carcajadas, conmigo nunca lo hizo.
Usted ya se negó a ver mis grabaciones, con ellas podría haberlo apreciado.
Yo hice todo lo posible por hacerla feliz siempre, pero su belleza siempre era superior
a mi y a mis esfuerzos. Ella, siempre perfecta, impertérrita, elegante.
Y eso me hizo pensar en lo de las esposas, pero no me detuve a pensar en su asma
sabrá que ella se daba el permiso de fumar por montones mientras
se excusaba su silencio y falta de risas en la falta de aire
que siempre le atacaba. Cuando yo se lo encaraba
solía recordar el inhalador en su cartera, empezaba a desesperarse y a ponerse
roja. Si hasta el color de su piel podía controlar a discreción.
- Y ahora me va a decir que usted no sentía celos de Paty y lo que ocurrio con ella
fue la consecuencia de un juego despreocupado- increpaba iracundo Ramirez.
-Ya le dije que no sé si la maté deliberadamente. Yo le propuse esposarla a la cama
y ella asintió con el desprecio habitual. Yo quería verla reír de alguna forma
quería saber si aquella risa que escuchaba en las grabaciones
era la misma risa que podía dedicarme a mi.
Así que partí por preguntarle si acaso me era infiel y comenzó a reír
me trató como un bobo, me dijo que yo tenía mucha imaginación,
que aquello no le hacía falta a ella.
Yo insistí y siguió riendo, me dijo que estaba loco, que ya habíamos superado
esa etapa, que ya eramos personas adultas. Y comencé a recorrer su cuerpo
con ambas manos disimulando todas las dudas tormentosas que me invadían,
y quise entonces que riera como lo hacía con la jovencita.
Le hice cosquillas durante unos breves instantes y su cuerpo comenzó a temblar
entero. Estaba atada de manos no podía defenderse del tierno asedio.
-Se da cuenta, usted lo hizo... usted intervino en esta muerte.
Yo en tanto intento demostrarle al jurado que fue un descuido
y la tesis parece funcionar gracias a que usted no violentó jamás a su difunta esposa.
Deje de preguntarse cosas, duerma esta noche y guarde sus energías para
la sesión de mañana veo que no puedo luchar contra su idiotez
y esto es todo cuanto puedo hacer el día de hoy
por usted Don Aurelio.
El abogado estaba pensando en su prestigio y en lo que habría
de ocurrir la mañana siguiente cuando se dictara el fallo.
Se puso de pié y mantuvo su maletín colgando tratando de
hacerle entender a Aurelio que la conversación debía acabar.
Las dudas y la actitud de su cliente le parecían nada más que destructivas.
-Don Gonzalo, no se valla. No le estoy pidiendo que me defienda en este momento
le estoy pidiendo que me escuche.
-Sea breve y prometa que esta conversación no existirá en su cabeza mañana.
-Bien, prosigo... yo le dije que quería escuchar a Paty reír como
reía con aquella niña pero por más que le hice cosquillas, esa carcajada especial
no la escuché jamás. No era ni parecida a la risa que le inspiraba esa pendeja
una risa coqueta, sensual, alegre, descontrolada.
Fue todo un forcejeo, una lucha con risas y espasmos
pero no le hacía gracia que yo le hiciera cosquillas, como siempre
no como la lengua de la pequeña que le hacía revolcarse de júbilo
¿me entiende? ni por la fuerza pude hacerla feliz
¿por qué conmigo no tomaba el control?
¿por qué a mí no me recorría completamente?
¿por qué se entregaba a mí como aquella belleza inerte y desinteresada?
¿por que siempre tuve que intimar con un maniquí?
Y no pude dejar de fastidiarla con la punta de los dedos
puede que me haya pasado de la raya con el juego
en la confusión de todos estos pensamientos.
Persistí con las cosquillas aún cuando había dejado de tirar patadas
cuando ya había abandonado los inútiles llamados de auxilio
entre el rubor de sus mejillas que fue poco a poco volviéndose púrpura
se acabaron las risas en un par de bocanadas de aire
hasta acabar con un provocado silencio y estuvo al fin tranquila.
Se quedó así esposada con los ojos bien abiertos
tenía las muñecas sangrando, destrozadas;
entonces lo hicimos como era costumbre:
yo arriba y ella abajo callada mirando el techo.
-Cuando salga usted de aquí mi estimado don Aurelio, búsquese una mujer
de verdad. Como dice Unamuno, es mejor tener a alguien que lo quiera
a uno. Mañana será un día clave, luego tendrá tiempo para pensar en eso.
Por que el mismo abogado tenía mucho que pensar al respecto
Es que la gente joven no sabe que los sentidos son categóricos
se engañan para protegerse de aquello que perciben y no les conviene.
Esto pensaba en silencio mientras sentía el hedor a cigarrillo
de su esposa que yacía como un bulto inerte bajo la panza del viejo
que volvía la intimidad de ambos en algo que difícilmente
alguien hubiese querido grabar.
Los abogados demandantes no pudieron sostener la tesis
del asesinato, puesto que el cuerpo de Paty no presentaba marcas de estrangulación.
Por otra parte, no había registro médico alguno que respaldara
la supuesta asma en la difunta mujer: Aurelio fue finalmente absuelto.
